De como Seesmic no encontró el modelo de ingresos

En este capítulo se cuenta como si una empresa nace sin modelo de ingresos es difícil que lo tenga al ser comprada por otra compañía.

Eso haré yo de muy buena gana, señor mío, respondió Sancho, y volvamos a mi aldea en compañía destos dos señores, que su bien desean y allí daremos orden de hacer otra salida que nos sea de más provecho y fama.

El Quijote

Löic Le Meur, francés simpático, inteligente y bien parecido creó Seesmic en junio de 2007, más fue lejos de su Francia natal donde se lanzó a esta aventura, eligió para ello el Valle del silicio, en el Nuevo mundo; Löic estaba ya entonces curtido en mil batallas: B2L, RapidSite, Tekora o Ublog, dan fe de ello. El caso que nos ocupa, Seesmic nació como aplicación de video-microblog, por ello se autoproclama el Twitter del video; para no faltar a la verdad diremos que Seesmic es mucho más que eso, y además funciona bastante bien; tan bien que ha venido recibiendo inversiones de Mike Arrington, Dave Winer, Martin Varsavsky, Ron Conway,… caballeros amigos y que comparten noble cuna en la web 2.0 con Löic le Meur.

Pero hay un olvido en el camino, el plan de ingresos, hasta donde este autor conoce, Seesmic carece de modelo de ingresos, se fía el éxito de su aventura a ser comprado por un gran señor capaz de convertir en oro los usuarios, y mientras tanto se busca más dinero que sostenga y mejore el servicio.

La historia más reciente de Internet es un cesto de casos de monetización de externalidades, vamos negocios que han sido rentables donde menos se esperaba, si bien es cierto que hay casos como la compra de Youtube por Google en los cuales la empresa compradora no sólo no ha sido capaz de sacar partido a su nuevo súbdito, sino que mantenerlo le supone un gran gasto. Y es que a este historiador, este caso le recuerda a compras de empresas de Internet en el año 2000, compras guiadas por la concentración de información en un portal, pensando que dicha concentración vendría acompañada por los usuarios a los cuales se les impondrían tasas de paso. Pero resultó que el usuario de Internet era promiscuo en 2000 y lo sigue siendo en 2009, de modo que lo que no era monetizable entonces tampoco lo es hoy.

Va de bicis: Fe, Ti, Al, C

fibra de carbonoCada vez se ven más bicis de fibra de carbono, aunque el aluminio sigue siendo el rey, el titanio es una rareza y al pobre acero casi lo han quitado de en medio.

El acero es un metal bastante denso, duro, maleable, y aleado con otros metales como el cromo o el molibdeno, se vuelve más duro, absorbe bien las vibraciones, es duradero, incluso resistente a la oxidación y como todos los metales tiene un enlace muy solidario, en terminología doscero le llamaríamos colaborativo; el acero aprende con el uso que le demos; además, para bicis esta muy perfeccionado.

El titanio un poco menos metal que el acero, digamos que no es tan noble, vamos más plástico, su enlace ya no es completamente metálico, es caro, no deslocaliza tanto los electrones, no conduce la electricidad tan bien como el acero, ergo no es tan colaborativo, aunque sigue siendo metálico; por contra es ligero, duro para su baja densidad, y absorbe bien las vibraciones, algo importante en una bici.
El aluminio ya casi no es metal, eso sí, más ligero, pero mucho más blando, y no absorbe apenas las vibraciones, peeeeeero, se dio la casualidad de que hace veinte años se rebajaron mucho sus costes de producción, principalmente porque todo el mundo quería tener unas ventanas correderas de aluminio en casa. Y claro algunos avispados fabricantes de bicis se dieron cuenta, y comenzaron a lanzar cuadros de aluminio al mercado; cuadros que, como no absorbían bien las vibraciones, en seguida pìdieron una horquilla de amortiguación. Horror. La historia de la bici había estado marcada hasta entonces por la simplicidad. Incluso hubo un movimiento de oposición al cambio de piñón, tres piñones, en aquel momento. Fueron rebajando costes, entró China en juego, y aluminio para todos.

El carbono es un elemento con enlaces covalentes, vamos el de la materia orgánica, el carbón, más concretamente el grafito de las minas de los lapiceros, sí, con eso embadurnándolo en pegamento – resina epoxi – metiéndolo en un molde y esperando a que seque; como cada cuadro depende de un molde, es un perfecto ejemplo de economía de escala, es decir, hacer uno a medida es carísimo, pero hacer el número 1873 es muy barato. Con eso se hacen los cuadros caros de hoy, ligeros y poco duraderos; moldeables y tan poco nobles como puedas imaginar.

Los metales se arreglan por soldadura o remache, se adaptan a las fuerzas que ejercemos sobre ellos, se deforma progresivamente, y en muchos casos mejora su comportamiento con el paso del tiempo. El aluminio es barato, y el carbono lo es cada vez más; si quieren sacar al mercado altas prestaciones de verdad – estructurales y hasta funcionales – que sea con nanotubos de carbono, que no tienen nada que ver con la bastarda fibra.

Del Capitalismo al Personalismo

Parece que más que en una crisis económica estamos ante un cambio de paradigma, y no es nada nuevo porque este proceso ha venido sucediendo en los últimos cambios de siglo.

El capitalismo es un sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados – vía Wikipedia.

Pero en esa definición hay un par de palabras que destacan: en primer lugar no se habla de personas sino de individuos, palabra fría e impersonal; la otra palabra en cuestión es mercados: y esos mercados eran jerárquicos, lejanos y desconectados unos de otros. En el siglo XX se convenció a las masas, no a las personas; un canal de radio bastó para sacar a los norteamericanos a la calle cuando a Orson Welles se le ocurrió el guión de La guerra de los mundos.

El Capitalismo clásico entiende que con capital para obtener productos de partida, mano de obra y medios de trabajo, genera un producto que se vende y con el cual se gana dinero; pero no ve a las personas como tales sino como fuerza de trabajo, mientras que los medios de trabajo están en poder de la empresa, del capital.

¿Pero qué sucede cuando los medios de trabajo están sobre los hombros de sus empleados, en cada uno de sus cerebros? porque ese es el paradigma de la Sociedad del conocimiento en la que ya vivimos. Dos consecuencias son directas: en primer lugar, los sindicatos de trabajadores no tienen sentido tal y como los entendemos hoy, porque esas estructuras se pensaron cuando los medios de trabajo eran monopolio del capitalista, algo que sólo rompía la idea de cooperativa, y hoy, el trabajador lleva su medio de trabajo metido en su cabeza. La segunda consecuencia directa: el empresario de la Sociedad el conocimiento debe hacer un esfuerzo para retener el talento, porque con cada trabajador talentoso que se marcha, sale de la empresa una parte de sus medios de trabajo, es decir, ese cerebro amueblado en parte en la empresa que se marcha a producir para otra disinta, pero que no deja los muebles en la primera.

En el siglo XXI a las personas se las convence de una en una, no en masa. Somos muchos, y muy comunicados, quizás empezamos a estar excesivamente comunicados llegando a perder capacidad para razonar en profundidad; pero somos tantos y tan comunicados que nos vemos iguales unos a otros, situación que nos agobia y nos lleva a escorarnos para ser mínimamente originales; contactar con otras personas raras hoy es fácil, de modo que podemos sentir la calidez de la tribu de los tipos raros similares a nosotros que por el Mundo hay sueltos.

El dinero para crear una empresa y los medios materiales son hoy mercancías al alcance de todos; de las ideas, y sobre todo de las personas, no se puede decir lo mismo.