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Historias sin moraleja II Fernando Largo

La semana pasada murió Fernando. Como cada vez que muere alguien, si no lo habías conocido y lees las crónicas te da la sensación que el mundo giraba a su alrededor; créeme, antes de su muerte el único que pensaba que el mundo giraba a su alrededor era el propio Fernando, y ése fue su error; Fernando tenía más enemigos que amigos, pero estos últimos le admirábamos profundamente. Fernando hubiera sido uno más en el mundo de los matemáticos pues su carácter introvertido y su contundente razonamiento hubiera encajado mejor en los círculos de Álgebra y números que en los que recorrió.

Fernando pasó por músico, productor musical y chigrero – tuvo un bar. Reconvirtió una sórdida casa de citas ovetense en un bar de los del letrero de Guiness en la puerta. En su casa, Casa Dorna, sólo le veía sonreir cuando volvía a su chigre y le decía buenas noches chigrero; esa palabra le inundaba la cara de orgullo y alegría y, sobre todo quitaba su coraza de hombre duro para poner sobre la barra una sensibilidad extrema, y es que Fernando era tremendamente sensible, por eso le dolía tanto que su mundo no lo quisiera; por eso se puso una armadura que reflejaba la luz, pero él era brillante de verdad sin la armadura, aunque poca gente se dignase a mirar dentro.

Como buen matemático tuvo un punto de brillantez extrema que le hubiera valido La Medalla Fields. Catuxa, una de las canciones más hermosas del nuevo folclore. Pero no hay medalla a la brillantez en la música, y mucho menos para alguien que va a su aire y se enfrenta a la ideología reinante en su gremio, en este caso al independentismo asturianista de los años 80.

Fernando renegaba del arpa aunque llegó a quitársela en un disco al padre del arpa moderna, Alan Stivell, otro bicho raro. Fernando sólo deseaba cerrar el bar por dentro y ponerse a tocar una wistle de perroflauta e invitarnos a güisquis que no sabríamos apreciar ni si quiera 6 horas antes; el nos los explicaba y nos sabían a gloria. Lo que he aprendido de tí.

Fernando hizo todo lo que se propuso, sólo se quedó con las ganas de colocar un menhir de granito de Porriño en un monte asturiano para celebrar el solsticio de verano; a ver si entre todos le acabamos la tarea.

Hasta más ver, amigo

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Comentario

  1. Esas palabras me han traído buenos recuerdos, y ya que me consideraba uno de sus amigos me alegra saber que más gente lo apreciaba.

    Un saludo.

  2. Llevo muchos años fuera de Asturias y acabo de enterarme de su muerte.
    Me considero un privilegiado por haber compartido momentos inolvidables con Fernando Largo.
    Incluso me enseñó a tirar la Guinness, jejeje, qué paciencia.
    Buen viaje amigo mío.