A los seis años un niño entra en nuestro sistema educativo queriendo ser un astronauta y sale a los veintidós queriendo ser un funcionario.
¿Por qué laminamos su ilusión?
¿Por qué los vamos convirtiendo poco a poco en  hombrecillos grises?
¿Por qué tratamos de hacer de ellos algo que no tiene cabida en el siglo XXI,  como son las maquinas de repetir?
Proyectamos en ellos nuestros miedos y sólo hemos conseguido tener una montaña de viejos de quince años.
Los adultos creativos no somos más que niños que hemos sobrevivido al craqueo de nuestro sistema educativo.

Si te ha gustado, explora más.

Javier
Javier

Cofundador de Proportione. Estrategia, tecnología y personas. Escribo sobre negocio, innovación e investigación desde 2008.

Ver todos mis posts →
← AnteriorSucesos no imposibles pero si improbables de estos díasSiguiente →Un año trabajando en lo que me gusta
Español