Os voy a contar tres historias, no una ni dos, sino tres, sobre tres empresas de hosting que son bastante conocidas y llevan años en el mercado. No voy a decir sus nombres, pero son casos reales que me han pasado este año con tres clientes diferentes. Quiero que veais hasta qué punto estas empresas pueden comportarse como auténticos piratas del hosting, usando al cliente como rehén y su web como una especie de cárcel.
La primera historia pasó en febrero de 2025. Un cliente me pidió que revisara su web. Nosotros le hacíamos otros trabajos, pero la web no era muy importante porque usaba un gestor de contenidos propio de la empresa de hosting, un generador de páginas web bastante cutre y barato. Revisé el archivo robots.txt, que es donde se le dan instrucciones a los buscadores sobre cómo indexar la página, y vi que tenía un código que decía «noindex, nofollow, disallow robots». Básicamente, le estaba diciendo a los buscadores que no indexaran la página. Cambié el archivo para que empezara a indexarse y, en 24 horas, ya estaba funcionando. Pero al poco tiempo, dejaron de indexarla otra vez. Resulta que esta empresa vende un servicio de posicionamiento en buscadores, también barato, y si tú quitas el código que bloquea la indexación, ellos lo vuelven a poner a menos que les pagues por su servicio. Es decir, te obligan a pagarles para que simplemente no bloqueen a Google. Obviamente, movimos la página a otro hosting porque no era cuestión de pagarles un «impuesto revolucionario» por un servicio que, además, seguramente sería malo.
La segunda historia tiene que ver con un aplicativo web que enviaba correos electrónicos. Cada tres meses, sin falta, dejaba de funcionar. Entrábamos al servidor, ajustábamos las configuraciones y todo volvía a la normalidad, pero a los tres meses fallaba otra vez. Después de muchos dolores de cabeza, contactamos al soporte del hosting y nos dijeron que para enviar correos a su servidor, teníamos que usar su propio servidor de correo. No permitían que se enviaran desde otro servidor. Lo peor es que no te avisan de esto desde el principio. No, sino que esperan tres meses y luego empiezan los problemas. El cliente, por supuesto, pensaba que la culpa era nuestra, del que desarrolló la aplicación, pero no, era el hosting que tenía un script que bloqueaba los envíos si no cumplías con “sus reglas”. Otro caso de una empresa clásica de hosting que busca retener a sus clientes a toda costa.
La tercera historia pasó este fin de semana. Sacamos una web a producción de urgencia porque el cliente tenía problemas con su hosting. La web se caía constantemente, así que decidimos moverla a uno de nuestros servidores para que al menos funcionara. Hicimos los cambios necesarios y apuntamos el dominio hacia nuestro servidor. Todo bien, la web empezó a funcionar sin problemas. Pero al día siguiente, el domingo, nos dimos cuenta de que la web volvía a servirse desde su servidor original. Revisamos y vimos que habían borrado el registro que apuntaba a nuestro servidor, sin avisar ni dar explicaciones. Les dejamos un ticket pidiéndoles que no lo volvieran a hacer, pero ya iniciamos el proceso para trasladar el dominio a un servidor decente.
En resumen, tres empresas de hosting, todas muy conocidas y con muchos años en el mercado, que hacen jugadas sucias aprovechándose del desconocimiento de la gente. En los tres casos, los clientes nos dijeron lo mismo: «Si esto me pasa a mí, no sé qué hacer». Y en el último caso, el cliente incluso había contratado servicios adicionales como el de indexar en buscadores, pagando por cosas que no debería. En las próximas 48 horas vamos a deshacernos de todo eso porque ya es algo personal.
Por cierto, nosotros usamos dominios de GoDaddy, hosting para aplicativos en Google Cloud y hosting para WordPress en SiteGround, y estamos muy contentos con los tres. No voy a decir los nombres de las otras empresas.


