Sistemas Emergentes IX: Honradez

Vienen tiempos difíciles para las personas con doble vida porque ahora se ve todo. Ser coherente es hoy mucho más difícil que hace solo unos pocos años porque hoy vivimos de cara a la galería, no actuamos sino que vivimos hacia los demás, es lifestreaming.

Kant no salió de su pueblo y fue muy coherente, nosotros tenemos cien veces más interacciones con los demás que Kant, de manera que tenemos cien veces más posibilidades de resultar incoherentes, y además que la incoherencia quede documentada.

Como es tan difícil ser coherente debemos al menos ser honestos; de la transparencia hablaré en el próximo y último capítulo de esta serie. Si eres honesto y humilde para reconocer tus errores no tendrás problemas para adaptarte al cambio; si no lo eres finge sin engañar.

Vivimos en un cambio visible a todos, la gente está desorientada pero tolera el fallo, entre otras cosas porque sino nos suicidaríamos todos. Somos hoy receptivos ante las novedades, estamos dispuestos a probarlas y a aceptar que no funcionan bien todavía. Estamos en una época de betas, de versiones lanzamiento.

Lo que no consentimos es la mentira, y la mentira es cada día más fácil de descubrir porque todo se sabe. Un mentiroso es un apestado hoy y no lo era hace bien poco. Somos mucho más tolerantes a ideas distintas de las nuestras. Un mundo global con muchas interacciones hace que viajemos mucho, que nos mezclemos y sorprendamos con los demás, pero sobre todo que aprendamos a entendernos unos a otros. Como decía Pío Baroja, el nacionalismo se cura viajando.

Un sistema emergente no lleva bien la mentira porque tiene capacidad para amplificarla y, si es amplificada conduce a un error colectivo. Del mismo modo que la mentira puede subir hacia arriba, una vez descubierta, puede volver hacia abajo porque en la Era del lifestreaming todo queda documentado, se depuran responsabilidades y aparecen los apestados.

Enrique Dans: ni ángel ni demonio

Enrique Dans ha ido marcando tendencias web a través de su blog, ha influido en muchos de nosotros desde que en abril de 2003 comenzara a publicarlo. Ha sido crítico con los viejos modelos de las industrias culturales, y ha defendido el conocimiento en abierto hasta la extenuación; ha sido siempre capaz de entender el cambio de paradigma desde proteger hacia compartir. Enrique ha conseguido evangelizar masas, pese a que, en círculos íntimos confesaba su frustración por tener su casa – el Instituto de Empresa – amueblada íntegramente con productos de Microsoft.

Dans acaba de publicar un libro titulado Todo va a cambiar. Y, al menos con el título, estoy completamente de acuerdo; es más, creo que todo ha cambiado ya, aunque todavía es pronto para ver sus consecuencias y, mucho más aún, para analizarlas. Los historiadores suelen mirar hacia atrás y buscar una fecha representativa del cambio; fecha que, habitualmente, es anterior a la percepción de los que lo viven. En este caso apuesto porque los historiadores asignarán el 11 de septiembre de 2001 como el momento del cambio; pese a que fue a partir de 2007 cuando realmente comenzamos a sentir las consecuencias.

Volviendo a Enrique Dans, y al título de esta entrada, resulta que su libro no es coherente, ni en la forma ni en el fondo, con lo que viene proclamando desde hace siete años. En la forma porque ha protegido la versión digital de su libro con DRM. Y en el fondo porque las ideas que plantea contradicen tesis anteriores y confirman que el modelo gratuito es un mal negocio.

La coherencia interna es la prueba del siete de una película, de un libro o de un plan estratégico; pero, sobre todo, es la constatación de un gran carácter. Y Personas con gran carácter hay pocas, muy pocas, y cada día habrá menos. Me explico: Enrique Dans lleva publicando años una línea de pensamiento y ahora publica otra; la constante es la palabra publicar. Si no hubiese difundido ampliamente sus ideas, serían muy pocos los que hubiesen observado esa incoherencia. Y ahora cada vez se publica más, por lo que cada vez es más fácil contradecirse. De modo que no veo a Dans como un demonio, al igual que tampoco antes lo veía como un ángel; es sólo una persona, como tú y como yo.

Foto extraída del Blog de Enrique Dans