Hackear la educación IV: contagiar la iniciativa

Imagina que entras por primera vez a un aula y te encuentras esto en la pizarra

Una pizarra cualquiera de un aula cualquiera

Mi respuesta es simple, cuando haya terminado de cambiar el mundo me habré muerto. Nuestra vida no tiene sentido sino es para cambiar el mundo e intentar hacer de él un lugar mejor. Pero hagamos el ejercicio con niños que, seguro dan una respuesta mejor. Si algún profe me lee y hace el experimento, por favor lo cuente aquí. En el momento que tenga la oportunidad yo lo haré y prometo contároslo.

Si has llegado a leer hasta aquí convendrás conmigo en que la iniciativa es valor fundamental de la educación para el siglo XXI. La iniciativa es la chispa de la que surge la inquietud constante por aprender cosas nuevas, es el catalizador de la transformación. Sólo hay un problema y es que no se aprende de ningún libro sino con el ejemplo, y para ello el maestro – a partir de aquí hablaré de maestros y no de profesores – ha de tener iniciativa.

La iniciativa no se crea ni se destruye. La iniciativa se contagia.

El otro ingrediente de la iniciativa además del contagio es la tolerancia. La tolerancia es el ambiente en el cual una vez inoculado el virus de la iniciativa, este crece y se sigue contagiando.

Busquemos preguntas en lugar de respuestas, busquemos escuchar en lugar de hablar, busquemos compartir en lugar de acaparar, seamos comprensivos con el error incluso cuando es reiterado, pensemos a largo plazo, estemos dispuestos a no ser comprendidos por los demás, y sobre todo no tomemos a los niños por tontos, son niños, no tontos.

Hackear la educación III: colaboración por defecto

Sucede que ni la mayor empresa que ha habido nunca, como es Apple todavía puede lanzar algo sola. Sucede que Apple colabora con diseñadores, fabricantes y ensambladores de hardware; sucede que Apple llega al punto de tener un supermercado de aplicaciones donde un chico de quince años puede subir un programita y venderlo. Y ojo, Apple no es precisamente el paradigma de la colaboración sino un gigante del software y hardware propietario.

Si las mastodónticas empresas no pueden competir solas porque las expectativas del mercado son enormes, qué vamos a decir de las empresas pequeñas y más aún, de los propios individuos. Sí, hablo de empresas y de individuos porque este es el siglo de la iniciativa, algo que no nos enseñaron a las generaciones anteriores ni hay muchos profesores dispuestos a enseñarlo ahora. La correspondencia entre emprender y tener iniciativa no es biunívoca, es decir, no todos los que tienen iniciativa montan una empresa, pero sí que los que montan una empresa tienen iniciativa; iniciativa emprendedora en este caso.

Colaborar no sale gratis, se empieza dando para después recibir. El sector que quizás mas experiencia tenga en colaborar es el del software libre. Es curioso, en las comunidades de software libre los líderes acaban emergiendo antes o después, los jefes no se postulan sino que son elevados por los demás miembros de la comunidad; y normalmente la comunidad nombra lider al que más valor aporta. Es decir, para colaborar hay que aportar primero para ya veremos que pasa luego. Ni es gratis, ni siquiera hacerlo bien asegura tener premio, sino que debes conformarte con hacer cosas buenas y co hacer las cosas que quieres de verdad hacer.

Seguimos sin enseñar el trabajo en equipo mas allá de repetirnos lo importante que éste es; pero la auténtica educación se hace a través del ejemplo, y no damos ejemplo de trabajar en equipo ni de colaborar en nuestro día a día.

El título de esta cadena de post es, en si misma, una muestra de lo que la inteligencia colectiva. Me explico, a la primera entrega, yo la había titulado: Hackear la educación I: creatividad por decreto, quizás en recuerdo de una canción de Defcondos llamada Acción mutante (… mutilación obligatoria, amputación por decreto). Pero Lucas Cervera me comentó en Facebook que la creatividad no debería ser por imposición

Discusión en Facebook

El caso es que, en paralelo, Germán Muñoz, un chico de 17 años tuitea esa primera entrada con una serendipia – un hallazgo feliz – que yo, muy agradecido, tomo para mi blog, y la cosa se queda en creatividad por defecto.

Negociación cooperativa para tiempos de redes

Retomo este tema de la negociación porque creo que esta técnica decanta el resultado de las interacciones que tenemos. Me explico, estar predispuestos a colaborar o a competir con el que nos viene de frente supone, independientemente del resultado de la negociación; que se genere buen o mal ambiente.

Es lógico pensar que si a escala micro se producen fricciones, a escala macro se perderá eficiencia. Del mismo modo que si a escala micro se colabora se creará una macroestructura robusta.

Si la inteligencia se mueve desde abajo hacia arriba, sí no hay un único líder que todos sigamos. Entonces resulta que el poder está en las pequeñas cosas, en las conversaciones. No todas las conversaciones tienen el grado de negociación, pero sí muchas de ellas. Y si afrontamos las negociaciones en términos de yo gano, tu pierdes, es probable que empecemos ganando y también que acabemos perdiendo.

Los vínculos profesionales se diluyen con los personales,

las redes hacen que cada día haya más interacciones,

los ordenadores registran y archivan las conversaciones.

No seas tonto, no quedes mal porque os volveréis a encontrar.

Es curioso que en la época de la globalización, en la que parece que todo se podía diluir como sucede en las grandes ciudades, en las que podríamos pasear con los calzoncillos puestos en la cabeza sin que al día siguiente nadie lo recordara. Es curioso que en esta época se hable de Identidad digital como algo fundamental para nosotros. Pero es lógico porque, por un lado el volumen de información ha crecido mucho, pero por otro lado la capacidad para almacenar y procesar dicha información ha crecido mucho más; y es que la caché de Google es inexcrutable.

Agregar blogs no es un buen futuro para el periódico

La semana pasada, en el XIV Redepyme, nos sorprendió el interés que despertamos a la prensa en general y a la escrita en particular; nos llamaban, sí es una de las pocas veces en la vida en que me ha llamado para algo alguien a quien no conocía, y nos preguntaban por alguna actividad de las que llevábamos, mitad desconcertados, mitad halagados, informábamos al periodista de mil amores. Era algo sobrevenido, inesperado, y sobre todo gratuito, y nos venía fenomenal.

Hoy vemos que las apariciones en prensa escrita se parecen sospechosamente a las cosas que ya habíamos escrito en diversos blogs, aderezadas,eso sí, con fotografías y respuestas a alguna pregunta que otra.

Supongo que las redacciones de los periódicos se están quedando en los huesos con los EREs que se van sucediendo. Desde hace tiempo los periódicos viven de los anunciantes, la publicidad en prensa escrita ha caído, se han creado nuevos periódicos, hay prensa gratuita, en Internet está todo, y, sobre todo, muchos de los que escriben blogs especializados saben de verdad de lo que están hablando y/o han vivido la noticia en primera persona.

Me parece fantástico que los periódicos utilicen los blogs como fuente de información, pero si quieren cobrar por la información creo que deberían aportar algo más, y se me ocurren dos ejemplos de valor añadido para contenidos escritos: análisis de actualidad escritos por alguien de alto nivel  monográficos de gran calado. Pero si lo que hacen es agregar el contenido de los blogs desaparecerán el día en que citen la fuente.

Negociación cooperativa Vs. negociación competitiva

Hace unos meses leí Negocie, disfrute y gane, y me dejó un sabor de boca agridulce, porque pensé que el autor no se creía del todo lo que estaba escribiendo,  el libro es un alegato de la negociación colaborativa, este tipo de negociación se resume en yo gano, tu ganas, si bien en aquel momento me creí la historia, y me la creí porque me resultaba fácil pensar en negociar buscando el beneficio mutuo, era algo que se adaptaba muy bien a mi carácter; lo único que me hacía dudar era mi negro historial de resultados en negociaciones, ¿qué era entonces lo que había hecho mal?. Es cierto que desconocía las principales técnicas pero tampoco estaba tan lejos de ellas.

Poco después salió otro libro que defendía la negociación competitiva, es decir el yo gano, tu pierdes, y venía a decir que escuelas de negocio que públicamente defienden la colaborativa, fomentan entre sus alumnos la competitiva para conseguir cosas en el mundo real. Y estoy de acuerdo con esta versión, las principales escuelas de negocios defienden públicamente las ideas primigenias nacidas en la de Harvard, a la vez que venden como éxitos a aquellos negociadores que han dejado en pelotas al rival e incluso se han reído públicamente del perdedor.

Ahora bien: ¿qué debemos hacer?, ni idea, la gente que más veo progresar profesionalmente utiliza la competitiva, en ocasiones hasta extremos, hay gente que sólo entiende ganar cuando el de enfrente pierde, ya no es yo gano, tu pierdes sino más bien si tu pierdes es que yo gano, me refiero a personas que piden por sistema, piden cualquier cosa, aunque ni si quiera la deseen, y les gusta meter el dedo en el ojo del que tienen enfrente. Es algo que también va con el carácter de cada uno, pero, todos tenemos ejemplos de este tipo de personas y sabemos que no les ha ido nada mal, al menos profesionalmente.

Quiero que mi sentido común me diga que esa forma de actuar no se puede mantener indefinidamente, y hasta ahora me lo ha dicho, pero la experiencia me va diciendo lo contrario, eso sí, utilizar la competitiva por sistema, incluso en cosas que no merecen la pena te tiene que llevar a visualizar claramente el trato con las personas de forma jerarquizada, es decir, hay dos posibilidades: yo estoy en condiciones de pisarte la cabeza, o tu estás en condiciones de pisarme la cabeza a mí; en este segundo caso te tengo que hacer la pelota, no me queda otra. De nuevo mi poco sentido común me dice que cada día la información fluye mejor y más rápido y tener el sanbenito de pelota-abusón te saldrá caro a la larga, pero todavía no lo he visto.

Me caen mal tanto los pelotas como los abusones, y creo en el trabajo en equipo, en entornos colaborativos y en estructuras malladas (en red), estructuras no jerarquizadas, al menos a simple vista, aunque siempre tendrán detrás a un responsable, y por lo tanto a una jerarquia, si bien esta no tiene porque ser visible en el día a día.

A los pringaos como yo siempre nos queda el recurso del «no» ante los abusones, a veces me gustaría cambiar de carácter y convertirme en una apisonadora de la negociación, y en ciertos momentos me dan envidia, pero ya es tarde para cambiar eso.