¿Cómo debe ser una red social para que funcione?

Si quieres construir una red social y te fijas en aquellas que ya han tenido éxito, como Facebook, llegarás tarde a la carrera evolutiva de las web 2.0; ten en cuenta que las redes sociales con éxito en 2006 eran mejores que las de 2005 y peores que las surgidas en 2007, por eso, en este momento es mejor olvidarse de Linkedin, Youtube y Orkut para buscar una mayor perspectiva, ese punto de vista mas alejado de las noticias de Techcrunch te lo puede dar la idea de la complejidad, y en concreto los sistemas emergentes.
Sistemas emergentes es un libro de 2001 escrito por Steven Johnson, un gurú de la informática, y parte de sesenta años de investigación en campos como: la Biología, las Matemáticas, la Informática o la Planificación urbanística. Basándose en la diferencia de comportamiento entre un elemento simple y un gran sistema formado por muchos de esos elementos se llaga a la conclusión de que “mas es diferente”, el eslogan de la teoría de la complejidad. He metido todo este rollo para ver que las conclusiones obtenidas del comportamiento de las hormigas pueden ayudarnos a entender el funcionamiento de una red social de Internet, así como muchos otros sistemas complejos.
La ignorancia es útil. Los sistemas emergentes pueden volverse inmanejables cuando sus elementos son excesivamente complejos.
Alentar los encuentros casuales. Los encuentros entre elementos del sistema son individualmente arbitrarios pero en conjunto permiten medir y alterar el estado macro de todo el sistema.
Buscar patrones en los signos. Reconocer los signos de varios elementos del sistema permite obtener información sobre el estado global.
Prestar atención a tus vecinos. La información local conduce a la sabiduría global.

Entrada publicada en diciembre de 2008 en madri+d

INprendedores, experiencias y reflexiones sobre el arte del intraemprendizaje dentro de las organizaciones

En media hora presentamos INprendedores, experiencias y reflexiones sobre el arte del intraemprendizaje dentro de las organizaciones, un libro nacido de la colaboración de 16 personas de diversos ámbitos. Puedes descargarlo en este enlace. A continuación tienes mi aportación:

Autodiagnóstico intraemprendedor

Intraemprender, o empezar algo desde dentro de algo es gratificante pues dejas un legado, es divertido ya que haces algo que te gusta y lo haces tú, y es rentable porque suele ser un magnífico escaparate para que te vean desde fuera a corto plazo y también desde dentro a medio y largo plazo.

Algunas personas tenemos, de forma natural esa inclinación irresistible a cambiar las cosas que encontramos en nuestro camino; en ocasiones se nos confunde con ácratas, pero no es exactamente la acracia la inclinación de la que hablo, es algo más asimilable al inconformismo perenne, a no poder dejar de vueltas a las cosas; es utilizar nuestro espíritu crítico como alerta y nuestra creatividad para buscar una solución alternativa a la que vemos.

Controlar nuestra tendencia es, en ocasiones, fundamental para nuestra supervivencia laboral. Se debe evaluar el terreno y ver si es propicio para que las cosas cambien o no, y se debe tener también una política clara de comunicación, es decir, en muchas ocasiones hay que callar planes y en otras comunicar más abiertamente las cosas de lo que nos gustaría.

Pese a todo, intraemprender es una experiencia que nos hace crecer personal y profesionalmente, es divertida y suele ser rentable. Intraemprender tiene problemas, principalmente dos; en primer lugar, que no te van a entender en tu casa – es decir, serás un friki o un vago para el común de tus compañeros – pero sí te entenderán fuera, y esto es diferente de lo que les ocurre a los emprendedores a los que sí les valoran sus colegas emprendedores, pero normalmente no el mundo exterior. El segundo, es que tu obra, pese a ser tuya, no es exclusivamente tuya como le sucede a los emprendedores y eso llega a tu bolsillo porque un emprendedor de éxito acaba ganando mucho dinero, pero un intraemprendedor nunca llegará a esas cotas. La parte buena es que, cuando lo haces desde una organización tienes más recursos para llevarlo a cabo y marca para llevar tu proyecto al mercado, las posibilidades de éxito son, como mínimo, diez veces superiores a las del emprendedor y el riesgo de fracaso no es comparable porque el intraemprendedor percibe un salario de su organización, mientras que el emprendedor sólo puede dibujar su sueldo en un optimista plan de negocio.

Gestionar el éxito puede ser una complicación adicional, no olvides que morir de éxito es una muerte como otra cualquiera; todos soñamos con ella, hasta que te sucede y reparas en que no es un sueño sino una pesadilla. Si piensas en grande y haces bien las cosas, bien puede aparecer dentro de tu empresa algo demasiado grande; debes caerles bien a tus compañeros, pues, en ése punto, la estructura con la que cuentas, tu pequeña célula intraemprendedora, no será suficiente para gestionar eso tan grande que has creado y tienes poco tiempo para conseguir apoyos, porque el Mercado no va a tener paciencia contigo. Hay discusiones de esas que no llevan a ningún lado, como si el emprendedor nace o se hace, y no es mi objetivo llegar a tan altas conclusiones, pero sí que puedes ver si llevas camino de intraemprender y si estás en el lugar adecuado para hacerlo o no. Para ello, has de valorar alguna de las cosas que suceden a tu alrededor y tendrás que valorarte a ti mismo, porque, como decía Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”.

Estos son algunas de las situaciones más habituales y quizás no las hayas considerado  suficientemente: piensa si la Dirección de la empresa quiere realmente hacer algo nuevo desde dentro, o al menos si van a entender que tú hagas algo nuevo allí. Tienes una serie de indicios para verlo: si hay una tendencia negativa en la empresa, si hay miedo ante algo que vaya a suceder, si…; el director busca una solución novedosa. Porque intraemprender en una organización que no quiere que se intraemprenda nada es predicar en el desierto; y, a pesar del cambio en el que estamos sumidos, organizaciones sin ganas de cambiar son como las meigas, “habeilas hailas”. Pensarás que van hacia la muerte, que no van a sobrevivir mucho tiempo en este ajetreado comienzo de siglo XXI, y quizás tengas razón, pero poco puedes hacer ante una Dirección que no está dispuesta a aceptar la salida del statu quo.

Después, mira hacia dentro, echa un vistazo a tu historial. Lo habitual en un intraemprendedor es que sus estancias no vayan más allá de los tres años en una misma empresa, si la compañía es grande, quizás permita el cambio radical de aires, bien por ubicación física o por cometido, también ese cambio lo podríamos contar como cambio. Fíjate en los emprendedores en serie, acaban de crear algo y ya están pensando en el siguiente proyecto, no se quedan a pilotar el barco que han construido; un ejemplo que te ilustrará es la construcción de un barco de carga; primero hay un equipo que lo dibuja y, luego, otro que lo construye para pasar, por último, a otro que lo bota y lo conduce por el mar; el emprendedor (intra o no) hace las dos primeras tareas, a saber: dibujarlo y  construirlo, pero es el empresario o el gestor quien luego lo explota o dirige, todo esto se traduce en cambios de proyecto de forma habitual para el que es bueno dibujando y construyendo, pero no pilotando.

Parece evidente que un emprendedor (intra o no) no sólo tiene la idea, además la lleva a cabo; de ideas vivió Leonardo da Vinci, pero fue un contemporáneo suyo, Miguel Ángel, quien hizo La Piedad, El David o La Capilla Sixtina. Leonardo estudiaba y Miguel Ángel hacía; sólo el segundo era un emprendedor. Antes de lanzarte a intraemprender debes valorar tu tiempo. A los que tenemos hijos pequeños nos queda poco tiempo disponible fuera del trabajo, le sucede lo mismo a las personas con una intensa vida social. Intraemprender puede resultarle más fácil a los solteros que vivan en un lugar distinto del que les crió, quizás hayas pasado por la experiencia de llegar a un lugar nuevo a vivir, serás consciente entonces del tiempo del que dispones, si, además, careces de televisor, te darás cuenta que ésas son condiciones óptimas para focalizarse en un nuevo proyecto. De este modo, si dispones de más tiempo, también tendrás la posibilidad de crear tu propia empresa al margen de tu trabajo, siempre que tu contrato lo permita; que es una alternativa para entornos hostiles al emprendedor. Parece que vivimos buenos momentos para los profesionales independientes y las pequeñas empresas que hacen grandes cosas.

Valora también a tu inmediato superior. En muchas ocasiones, el intraemprendedor es un dolor de cabeza para su superior, si tienes empuje y ganas de cambiar las cosas atacas al statu quo de tu superior y de tus compañeros. Puede ayudarte el que tu jefe sea un judoka, es decir, que sepa aprovechar tu fuerza en su favor como hacen los luchadores de judo. Lo reconocerás porque son personas hábiles y bastante vagas que te aportan calma y te van cediendo protagonismo poco a poco; es una situación buena, pero con fecha de caducidad pues haces tus cosas y ganas visibilidad, pero te desgastas. Este caso tiene una peligrosa derivada, que, además de judoka, tu jefe sea o vaya convirtiéndose con el tiempo en un “chupacabras”, es decir, un vago aprovechado; en este caso, tu empuje se va agotando y transformando en mala leche, dejas de empujar sobre sus hombros y te decantas por el  infalible golpe bajo; habitualmente, esto se materializa en una comida con el jefe de tu jefe. Pero piensa también que tener buenos resultados con un “chupacabras” sobre tus hombros es indicio de tu éxito intraemprendedor, aunque más te vale haber conseguido visibilidad antes porque ahí estarás quemado buscando la salida a toda costa; no te confundas, no te vendas barato, ante los demás habéis tenido éxito el “chupacabras” y tú.

Intraemprender exige una serie de cálculos previos, por ejemplo, el recorrido que puedes tener en tu empresa. Si la compañía es pequeña o joven, conviene analizar los últimos cambios que se han producido en la estructura de ésta, sacar la bola de cristal y ver cómo será la estructura en el futuro; piensa que el intraemprendedor no tiene hueco en los escalafones clásicos; supongo que debería encajarse en el Área de proyectos, pero este departamento es habitualmente una línea de negocio de consultoría pura y dura que poco tiene que ver con empezar algo desde dentro. Por último te recomiendo que dejes las murmuraciones y te focalices en tu propósito. Ten claro el destino – el camino sólo lo tienen claro unos pocos visionarios – y piensa en grande. Esto es común con los emprendedores. Piensa en hacer de tu empresa, de tu entorno y del Mundo algo mejor, usa tus fuerzas para superar las veces que no serás entendido por tus compañeros, úsalas también para sacrificar horas de tu tiempo libre porque el día a día de tus compañeros es el mismo que el tuyo, a no ser que trabajes en un centro aislado, así que vas a tener que hacer más horas que ellos. Merece especial atención la separación del centro de trabajo porque suele facilitar mucho las cosas al intraemprendedor, especialmente en el momento inicial en que todos quieren saber a qué te dedicas, pero tú no tienes nada que enseñarles.

Aunque es muy conveniente  comunicarse con varios departamentos porque, como te decía antes, si tienes éxito los vas a necesitar, así que, de vez en cuando, intenta visitarlos. Probablemente, te meterás en muchos charcos de los que no serás capaz de salir por tí mismo, ahí los intraemprendedores tenemos una ventaja sobre los emprendedores, pues tenemos una organización detrás, pero tienes que ganarte a las personas.

Tienes tiempo para hacerlo, pues estarás un tiempo inicial trabajando en la sombra si es que la Dirección quiere que se emprenda desde dentro. Guy Kawasaki, en “El arte de empezar” dedica un capítulo a “El arte de ser buena persona”; su propuesta se resume en hacer favores a quien no te los puede devolver; tampoco es nada nuevo porque la Biblia ya dice algo así.El caso es que hacer favores a compañeros que no te los pueden devolver es rentable porque caerás bien, en línea con “La ley moral” de la que habla Sun Tzu en “El arte de la guerra”, y si les caes bien te devolverán el favor, bien ellos, bien otros con los que hayan hablado. Ese favor será sacarte del charco del que no podías salir por tí mismo.

Más riesgo y menos subvención

Sólo podemos competir con Conocimiento. Es evidente que en precio ya no competimos, además España está bien colocada para competir en Conocimiento. Pero, no siguiendo el modelo tecnológico de transferencia de tecnología hacia la gran empresa, típico del norte de Europa; tampoco siguiendo el modelo de Investigación vanguardista norteamericano (DARPA), ni siquiera con el modelo asiático de clusters. Nosotros somos un país de industriales, de PyMEs industriales, y hay un buen futuro ahí.

Las subvenciones responden a economías de escala, me explico, a la Administración le cuesta parecido trabajo evaluar una subvención de 100.000€ que una de 1.000.000€; por lo que favorecen a la gran empresa, y nosotros no somos un país de grandes empresas.

La PyME es donde se Desarrolla, especialmente la PyME industrial. La Investigación se hace en centros públicos y la innovación en la gran empresa, que es la que dispone de una red comercial capaz de hacer paquetes del Desarrollo hecho en la PyME y llevarlo al Mercado.

Esa PyME que desarolla, la que puede cambiar nuestro modelo económico, no busca subvenciones. Hay PyMEs desarrolladoras que nacen para buscar subvenciones, pero normalmente acaban por alejarse del Mercado, e incluso llegan a convertirse en gestoras de subvenciones para terceros.

La PyME que desarrolla y vive en la Economía real necesita dos cosas de la Administración, la primera es que sea su primer cliente, su adoptante temprano, que arriesgue. Pero el que maneja fondos públicos evita ese tipo de riesgos, intenta no acabar en la cárcel, porque, como sucede con los árbitros de fútbol, acertar no se valora, pero equivocarse no se consiente. La segunda cosa que necesita, es que le ayude para recibir inversión para crecer, para desarrollar nuevos productos. Pero volvemos a la economía de escala, cuesta más o menos lo mismo evaluar una inversión de 100 que una de 1.000, y los inversores de gama baja han colgado el cartel de vuelva usted en 2011.

¿Qué está pasando? ¿Qué puedo hacer yo?

¿Qué está pasando?

Vivimos la peor crisis desde la de 1929, estamos en el punto de inflexión que marcará si la superamos ahora, o, si en caso contrario, tenemos que remontarnos a la crisis del Siglo XVII para encontrar una peor. Hay señales contradictorias, pero una cosa sí que es cierta, los analistas seguro que se van a equivocar, y a tí no te va a servir de nada hacer cábalas e intentar predecir el futuro; lo que sí te ayudará es intentar cambiarlo, y está en tus manos, pero de eso hablaré después.

Esta crisis tiene tres causas: la principal es la combinación de especulación y endeudamiento, la segunda es de valores y la tercera es medioambiental. Por eso se debe combatir con: economía real, solidaridad y sostenibilidad.

¿Qué puedo hacer yo?

Lucha, no desfallezcas.

Si estás empleado, trabaja más, déjate de darle vueltas a lo mal que está todo y pon tu granito de arena para salir adelante. Si pensamos que la Economía va bien, la Economía irá bien. Si todos pensamos que la Economía va mal, la Economía irá mal. Emprende desde dentro, empuja. Ahora que el miedo está en el ambiente, un subordinado que empuja es una bendición para un jefe temeroso.

Si estás en paro inicia algo, busca trabajo, crea una empresa por pequeña que sea, estás ante un momento de oportunidades; cuando remontemos tendrás un gran mercado para tí. Posiciona tu marca personal, crea un blog, déjate ver. Ahora es posible abrir una ventana, y decir hola mundo. Relaciónate, la combinación de un blog, Twitter, Linkedin y eventos varios es infalible.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo (Palabras para Julia)

Un dato, del que no se habla demasiado, es espeluznante: ya tenemos más muertos por suicidio que por accidentes de tráfico. Suicidarse es un acto de cobardía y de ociosidad; me explico, no se suicidan en los países pobres, pues bastante tienen con ingeniárselas para comer; se suicidan los que tienen sus necesidades cubiertas, y tienen suficiente tiempo libre para compadecerse de si mismos. Te suicidas cuando tiras la toalla, cuando dejas de luchar, es, por tanto, un acto cobarde.

Si ayer eras listo, hoy no puedes ser tonto.

Ladran, luego cabalgamos, amigo Sancho

No hay peor censura que la que nos imponemos nosotros mismos, o no hay peor cuña que la de la misma madera.

Este blog ya ha alcanzado el nivel más bajo al que se puede llegar, el de convertirse en una herramienta de autoayuda de su editor, lo uso para descargar la mala leche que se me pone, así que te agradezco que hayas llegado hasta aquí, y entenderé que, en pro de tu salud mental no sigas leyendo.

Paso a modo positivo.

Emprender no es empezar sino hacer, es decir, acabar. Un emprendedor es tanto alguien que crea una empresa, como alguien que revoluciona una empresa desde dentro. Pon el foco en lo que quieres conseguir, intenta cambiar el Mundo, no seas tímido, hoy más que nunca está en tus manos. Cuestiónate cien veces la idea y deja que cien personas que te quieren te cuestionen tu idea.

Cuando lo tengas claro, busca los resortes para hacerlo, no pierdas el foco y sigue esa dirección. El día a día te hará serpentear para sortear las dificultades, pero recuerda hacia donde te diriges, quieres cambiar el Mundo, no hay tiempo que perder, supera los obstáculos y escucha, escucha mucho pero no desfallezcas; no te dejes influir por aquellos que no te quieren bien. Recuerda siempre que sus ladridos son sinónimo de tu buen camino, sonríeles y sigue adelante.

Del Capitalismo al Personalismo

Parece que más que en una crisis económica estamos ante un cambio de paradigma, y no es nada nuevo porque este proceso ha venido sucediendo en los últimos cambios de siglo.

El capitalismo es un sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados – vía Wikipedia.

Pero en esa definición hay un par de palabras que destacan: en primer lugar no se habla de personas sino de individuos, palabra fría e impersonal; la otra palabra en cuestión es mercados: y esos mercados eran jerárquicos, lejanos y desconectados unos de otros. En el siglo XX se convenció a las masas, no a las personas; un canal de radio bastó para sacar a los norteamericanos a la calle cuando a Orson Welles se le ocurrió el guión de La guerra de los mundos.

El Capitalismo clásico entiende que con capital para obtener productos de partida, mano de obra y medios de trabajo, genera un producto que se vende y con el cual se gana dinero; pero no ve a las personas como tales sino como fuerza de trabajo, mientras que los medios de trabajo están en poder de la empresa, del capital.

¿Pero qué sucede cuando los medios de trabajo están sobre los hombros de sus empleados, en cada uno de sus cerebros? porque ese es el paradigma de la Sociedad del conocimiento en la que ya vivimos. Dos consecuencias son directas: en primer lugar, los sindicatos de trabajadores no tienen sentido tal y como los entendemos hoy, porque esas estructuras se pensaron cuando los medios de trabajo eran monopolio del capitalista, algo que sólo rompía la idea de cooperativa, y hoy, el trabajador lleva su medio de trabajo metido en su cabeza. La segunda consecuencia directa: el empresario de la Sociedad el conocimiento debe hacer un esfuerzo para retener el talento, porque con cada trabajador talentoso que se marcha, sale de la empresa una parte de sus medios de trabajo, es decir, ese cerebro amueblado en parte en la empresa que se marcha a producir para otra disinta, pero que no deja los muebles en la primera.

En el siglo XXI a las personas se las convence de una en una, no en masa. Somos muchos, y muy comunicados, quizás empezamos a estar excesivamente comunicados llegando a perder capacidad para razonar en profundidad; pero somos tantos y tan comunicados que nos vemos iguales unos a otros, situación que nos agobia y nos lleva a escorarnos para ser mínimamente originales; contactar con otras personas raras hoy es fácil, de modo que podemos sentir la calidez de la tribu de los tipos raros similares a nosotros que por el Mundo hay sueltos.

El dinero para crear una empresa y los medios materiales son hoy mercancías al alcance de todos; de las ideas, y sobre todo de las personas, no se puede decir lo mismo.

Te doy mi dinero si me das tu creatividad

Yo antes creía en los evaluadores de proyectos empresariales de I+D, sí yo mismo soy evaluador de esas startups, pero no pongo dinero en ellas, me refiero a los que sí ponen dinero. Creía en ellos porque los consideraba mejores que yo y pensaba también que dedicaban más esfuerzo que un servidor a escudriñar un plan de negocio o un proyecto de I+D; la primera premisa, que sean mejores que yo, aún no se me ha caído, la segunda sí, he visto como catalogan por la vía rápida a un proyecto basándose en prejuicios.

Es más fácil pensar si el sector al que va dirigida la iniciativa es prometedor y sobre todo, glamuroso, que entrar a fondo a entender qué es realmente lo que quieren hacer esos tíos, eso lleva tiempo y, sobre todo, precisa de interés por parte del evaluador, y es una labor que no está valorada en el expediente. Es un trabajo divertido como ningún otro, te permite aprender, ver ideas nuevas, nuevos productos y servicios, pero requiere de tiempo e ilusión, no tanto tiempo e ilusión como los del emprendedor, pero sí que estés a su altura, que preguntes cosas, y que les des confianza en tu confidencialidad e incapacidad para fusilarles la idea; también es necesario saber nada de todo, vamos abarcar mucho y apretar poco.

Es complicado estar a la altura del emprendedor, entrevistarse con él, y, desde un marco de confianza, ir tirándole de la lengua, estar preparado para entender lo que dice, preguntar las dudas e investigar después. Todo eso ni está en el manual ni se refleja en la nómina; si en lugar de tomarte el esfuerzo miras la sede social de la empresa y dices, macho, pero si están en Carabanchel, ¿y estos quieren competir con los de Silicon Valley?, pues te la cargas y punto, y luego resulta que habeilas hailas; si en lugar de buscar una tecnología propia diferencial, ves a tres frikis que quieren montar la enésima red social, pues dices, que los apoye Rita; si en lugar de ver un sensacional investigador que quiere revolucionar el tratamiento del cáncer, ves a un enano feo con una vieja camisa de leñador que esta deformada por la bata que llevaba hace un rato encima, concluyes que un gestor de capital riesgo no querrá perder el tiempo con semejante individuo.

El siguiente paso, en ocasiones, es dejar caer que la tecnología es buena, pero si se aplicara de otra manera sí que podría ser realmente productiva, que es un equipo “peculiar y muy científico”, o simplemente que los ves un poco negativos con el sistema productivo. Claro, ahora llega el momento de pedirle soterradamente al emprendedor que cambie su idea y/o que cambie el mismo, ya sabes, te doy mi dinero si me das tu creatividad. Pero cómo puedes ser tan burro, no te das cuenta que viene todo junto en un paquete, que las ideas originales es difícil que sean comprendidas en primera instancia, que si matas la creatividad te cargas la innovación. El emprendedor tecnológico en sentido estricto es una rara avis, es difícil que un científico sea emprendedor, y viceversa, cuando ambas cosas se conjugan con una idea y un equipo, se ve brillar desde lejos, te ilusiona, te emociona, te impacta.

Quédatelo o déjalo pasar para que se lo quede otro, pero ojo, porque comprar la creatividad con dinero supondrá la muerte de los dos: de la startup y de tu dinero.

Los tres principios de Amazon

Nuestra disposición a ser incomprendidos, nuestra orientación al largo plazo y nuestra tolerancia a fallar de manera reiterada son las tres partes de nuestra cultura que hacen posible que hagamos las cosas que hacemos

Jeff Bezos
Presidente de Amazon