Al cambio le importa poco tu opinión porque el cambio es

Estamos en una época de cambio, pero además hemos tenido la suerte de vivir un cambio histórico, de los de uno por siglo como máximo.

Se han dado una serie de circunstancias como el aumento de las desigualdades entre ricos y pobres, una crisis medioambiental, unas nuevas redes de comunicación, unos atentados que creíamos imposibles,… Circunstancias que están desembocando en un cambio de mentalidad a nivel global. Empezamos a vernos en colectivo, el procomún está en nuestras cabezas, la creatividad ya no es mala sino buena, liberar el conocimiento genera conocimiento, y además lo hace a nuestro alrededor, con lo que, si somos un poco listos podemos ganar dinero con ello.

En resumen, el Mundo está cambiando y ese cambio se acelera cada vez más. De ese cambio sólo se puede salir ganando o perdiendo, y para ganar hay que entender lo que está pasando. Intentar evitar la distribución libre de la información es poner puertas al campo, es ignorar la situación actual, es, en definitiva, mostrar unas miras muy estrechas.

Al cambio le importa poco tu opinión porque el cambio es. Así que dejémonos de discusiones sobre como remunerar la creación artística, de si las discográficas han perdido ya miles de empleos, o si los periódicos están ERE que ERE. Renovarse o morir.

Centrémonos en salir beneficiados de esta situación, yo creo que es posible, porque la productividad se va a disparar en los próximos años, y hay retos de sobra para ocuparnos a todos. Olvidémonos de los oligopolistas agoreros, de los refractarios al cambio y de los emperadores de la ruina; porque están abocados al cambio, les guste o no. Pensemos en solidaridad y sostenibilidad. Aunque sean palabras bonitas no tienen porque dejar de ser rentables, pensemos en dónde queremos estar y adaptémonos a esta preciosa ola, porque nos puede llevar hasta la orilla y, además, hacernos pasar un buen rato de surf; si lo que quieres es pararla, te desgastarás para que acabe pasando por encima de tí.

Del Capitalismo al Personalismo

Parece que más que en una crisis económica estamos ante un cambio de paradigma, y no es nada nuevo porque este proceso ha venido sucediendo en los últimos cambios de siglo.

El capitalismo es un sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados – vía Wikipedia.

Pero en esa definición hay un par de palabras que destacan: en primer lugar no se habla de personas sino de individuos, palabra fría e impersonal; la otra palabra en cuestión es mercados: y esos mercados eran jerárquicos, lejanos y desconectados unos de otros. En el siglo XX se convenció a las masas, no a las personas; un canal de radio bastó para sacar a los norteamericanos a la calle cuando a Orson Welles se le ocurrió el guión de La guerra de los mundos.

El Capitalismo clásico entiende que con capital para obtener productos de partida, mano de obra y medios de trabajo, genera un producto que se vende y con el cual se gana dinero; pero no ve a las personas como tales sino como fuerza de trabajo, mientras que los medios de trabajo están en poder de la empresa, del capital.

¿Pero qué sucede cuando los medios de trabajo están sobre los hombros de sus empleados, en cada uno de sus cerebros? porque ese es el paradigma de la Sociedad del conocimiento en la que ya vivimos. Dos consecuencias son directas: en primer lugar, los sindicatos de trabajadores no tienen sentido tal y como los entendemos hoy, porque esas estructuras se pensaron cuando los medios de trabajo eran monopolio del capitalista, algo que sólo rompía la idea de cooperativa, y hoy, el trabajador lleva su medio de trabajo metido en su cabeza. La segunda consecuencia directa: el empresario de la Sociedad el conocimiento debe hacer un esfuerzo para retener el talento, porque con cada trabajador talentoso que se marcha, sale de la empresa una parte de sus medios de trabajo, es decir, ese cerebro amueblado en parte en la empresa que se marcha a producir para otra disinta, pero que no deja los muebles en la primera.

En el siglo XXI a las personas se las convence de una en una, no en masa. Somos muchos, y muy comunicados, quizás empezamos a estar excesivamente comunicados llegando a perder capacidad para razonar en profundidad; pero somos tantos y tan comunicados que nos vemos iguales unos a otros, situación que nos agobia y nos lleva a escorarnos para ser mínimamente originales; contactar con otras personas raras hoy es fácil, de modo que podemos sentir la calidez de la tribu de los tipos raros similares a nosotros que por el Mundo hay sueltos.

El dinero para crear una empresa y los medios materiales son hoy mercancías al alcance de todos; de las ideas, y sobre todo de las personas, no se puede decir lo mismo.