Hackear la educación I: creatividad por defecto

The grey elephant

Hace treinta años el dogma imperante marcaba que la creatividad era negativa en sí misma, que los creativos éramos personas molestas que no rendíamos como los demás ni en el estudio ni en el trabajo. No hablábamos de aprender o de crear sino de estudiar o trabajar. Identificábamos lo profesional con lo aburrido.
Hoy sabemos que quien pueda ser sustituido por un robot será sustituido por un robot.
Un joven de veinte años estará ahora mismo examinándome del carnet de conducir taxis con la idea de trabajar los próximos 47 años de su vida conduciendo un taxi, cuando en 5 o 10 años gran parte de los taxis se conducirán solos.
Hay un abismo educativo entre los listos y los tontos, aunque realmente la diferencia no esté en la inteligencia de los niños ni tampoco en las posibilidades, sino que lo importante es la inquietud por aprender y en Internet tienes todo el conocimiento.
Aprender es hoy un tema tan serio que sólo podemos hacerlo a través del juego.
Hace quince años mi madre postuló en su tesis doctoral que un niño de alta capacidad tenía que tener tres atributos en abundancia: inteligencia, tesón y creatividad. Lo que no decía es que quince años antes evitaba utilizar la palabra creatividad en las charlas pues tenía connotaciones negativas, en su lugar utilizaba eufemismos como buscar soluciones distintas.
No tenia en mente escribir esta cadena de entradas, si bien son ideas que tengo desde hace tiempo, quizás es The grey elephant y los Chiquitectos que andan por aquí quienes me han empujado.
Hackear la educación es reventarla desde dentro, sin aspavientos ni violencia, poco a poco. Niños brillantes que además son creativos pero sobre todo tienen inquietud por aprender constantemente.
Hay que hackear la educación. Hay que poner la creatividad por defecto bajo la premisa de que la creatividad es buena por sí misma.

#manifiestonube 8 Tu casa no es tan segura como Fort Knox

Hay cierta analogía entre la forma de guardar el dinero y la forma de guardar los datos.

Cada vez es más importante disponer de nuestros datos en cualquier lugar, de hecho, cuando saltas a la nube ya no hay vuelta atrás; por ejemplo, nadie que haya usado Gmail para trabajar quiere volver al POP3 corporativo, y tampoco conozco a nadie que haya empezado a usar Dropbox y lo abandonara después.

Los datos son tan importantes como el dinero en la sociedad de la información en la que vivimos. Antaño se guardaba el dinero en un calcetín bajo el colchón pero ni era seguro ni tampoco garantizaba la disponibilidad, como nos sucede hoy con las tarjetas de crédito. Con la nube sucede algo parecido, la ventaja de la disponibilidad e independencia del dispositivo es demasiado grande como para pasarla por alto, y creo que a estas alturas la seguridad debería verse como otra ventaja más de la nube.

Para las empresas del Cloud la seguridad es el corazón de su negocio, ahí no pueden  permitirse concesiones, porque un fallo mandaría todo al garete y, como comenté en la anterior entrada ellos tienen mucha más experiencia que tú en repeler intentos de robo de datos. Igual que hoy vemos nuestro dinero más seguro en el banco que bajo el colchón, pronto veremos nuestra información más segura en un gran centro de datos que en nuestro ordenador, y no digamos nada del dichoso pendrive.