Elogio al DualShock

DualShock es el mando de control analógico de Playstation

Confieso que llevo unos días viendo qué mandos de videojuegos hay, yo soy de la generación del Joystick, los videojuegos que me gustaban se jugaban con Joystick.

Ahora tengo hijos y quiero que aprendan a jugar a videojuegos, aunque tengan un maestro tan torpe como yo para iniciarse en el mundo del videojuego. Dicen que beber un vaso de vino tinto es bueno, pero nadie duda que beberse una botella es malo; y creo que sucede lo mismo con los videojuegos.

Los videojuegos son una industria tan competitiva y jugosa hoy como la del automóvil, una industria madura. Una videoconsola es más potente que un ordenador, y un ordenador orientado a videojuegos cuesta el triple que uno normal.

Ahora se juega mucho más que en los tiempos del joystick, más gente, más horas y videojuegos mucho más exigentes que los arcade que yo conocía. Me ha sorprendido lo que me he he encontrado en cuanto a mandos de videojuegos, hay muchísimos periféricos como volantes, teclados, y hasta instrumentos musicales, pero sin embargo hay unanimidad en los mandos para jugar. Sea con consola o con el ordenador, todos los mandos copian el diseño del DualShock de las PlayStation de Sony.

Los videojuegos son más exigentes con ergonomía y precisión que conducir un coche, o manejar una grúa. Quizás veamos pronto a un mando que salió del mundo del ocio y se planta en otro distinto. Es un producto tan testado y optimizado que se ha convertido en estándar para videojuegos. Quizás pueda haber un hueco para el DualShock en el inminente coche eléctrico.

Entrada dedicada a los chicos de Wipley.

Ola de mutilaciones

Estamos en un momento de transición, en el software venimos de las cajas negras por donde metemos informacion y sale procesada, es decir, un programa propietario compilado, no podemos modificarlo, no podemos arreglar sus errores, no podemos adaptarlo a nuestras necesidades, no podemos crear aplicaciones para él, no podemos saber qué hace con los datos, no podemos cambiar de proveedor y no podemos mudar el proceso de los datos a otro software. Pero caminamos hacia el software libre, los programas abiertos ya son una realidad, la gente no los usa porque sean más baratos, que también, los usa porque son mejores. El primero es Firefox un navegador con miles de pequeñas aplicaciones (plugins) que se esta adoptando de forma masiva, luego vendrá Thunderbird para el correo electrónico, Openoffice para la ofimática y, por último, Linux para el sistema operativo de nuestro PC.

En el móvil una variante de Linux, como es el Android de Google está demostrando su fiabilidad y sus posibilidades, y ya es un estándar.

En los servidores de Internet los programas de software libre ya son mayoritarios.

No hablamos ya de algo bonito sino de algo que ya funciona bien, y precisamente porque estos programas sí que permiten crear aplicaciones adicionales (plugins) su recorrido es mucho mayor. Ahora bien, algunas grandes empresas de los sectores de hardware, software y de la distribución de contenidos han visto amenazado su oligopolio. Sony ha llegado ya a la obsesión por evitar el uso de software fuera de su control. Primero el desarrollo de un blindaje anticopia retrasó más de un año el lanzamiento de la PlayStation 3 de modo que su competencia le adelantó por la derecha. Sony tenía prácticamente copado el mercado con la PS2, y la PS3 venía para confirmarlo, era y es mucho mejor consola que sus competidoras, pero falló en el time to market.

Ahora Sony ha mutilado a la PS3 para que no puedas instalar Linux en ella si actualizas la consola con el programa que saldrá mañana. Sinceramente, no sé para qué sirve instalar Linux en una PS3, sólo se que esta consola es muy potente aún hoy en el procesado de video y que instalarle un sistema operativo abierto le da nuevas posibilidades. Tampoco creo que por instalar Linux en una PS3 vaya a dejar de comprar los juegos de Sony, porque, no olvidemos que en su modelo de negocio actual los beneficios los obtiene en los videojuegos y no en la venta de la consola.

Es el juego del ratón y el gato, pero estas empresas obsesionadas con que nada se escape de su control están luchando contra una gran comunidad de desarrolladores y, sobre todo, te están vendiendo un producto mutilado. Mutilar ese producto además supone un gran coste para ellos, coste que, con toda seguridad, acabarás pagando tu. Ahora, la pregunta es: ¿Cuánto tiempo vamos a seguir comprando productos mutilados?

Entrada dedicada a Luis Casas