Hackear la educación V: abrir mentes

Resultados del foro de inversión

Abramos nuestras mentes, digo las de los adultos porque los niños las traen abiertas de serie. El problema es que a los niños se las vamos cerrando desde los seis años en adelante hasta que, a los veintidós ya las tienen tan cerradas o más que las nuestras.
Sí, seis años es el momento en que nuestros hijos entran en un sistema educativo aún basado en la memorización y repetición, donde el profesor tiene todo el conocimiento y se lo trasvasa al alumno a razón de unas cuantas gotas por hora. Cada cierto tiempo el profesor mide la cantidad de conocimiento que el alumno aún conserva dentro de sí. Esto es, si te he pasado diez litros de matemáticas y cuando te voy a medir te quedan siete, entonces te corresponde una nota de siete puntos sobre diez. Un sistema heredado de la Revolución industrial del siglo dieciocho. Sólo que nuestro aprendizaje no es industrializable porque no somos máquinas ni bancos.
Los niños son niños, no tontos
Haz el experimento de hablarle a un niño de cinco años de un lenguaje de programación. Puedes utilizar el libro que Guido, el ex-Google que creo Python, hizo para enseñar a niños a domar resprientes. Dile que las máquinas hablan un idioma, como él habla español, por ejemplo el Arduino habla en processing, una variante de Java, pero arduino también puede entender Python al igual que El Niño entiende inglés. Te sorprenderás.
Rompamos tabúes

Hace año y medio, en el I Iniciador Kids me propuse romper el tabú de que a los niños no se les habla de dinero. Hago aquí un inciso autobiográfico. Tuve la suerte de estudiar químicas en Oviedo entre el 94 y el 98; en las dos especialidades que hice, analítica y orgánica, teníamos muchos medios, especialmente en la segunda.
Una tarde de prácticas de orgánica yo fui haciendo mis experimentos sin prestarles demasiada atención. Por curiosidad miré el catálogo de productos que utilizábamos y vi que en aquel matraz yo había metido 150.000 pesetas (900€). Nadie me había avisado del pastón que costaba todo aquello, me sentí tan idiota como un chimpancé metiendo una llave inglesa en el motor de un Rolls Royce.
Decía que en 2011 en Rada me planteé romper el tabú del dinero con los niños e hice un foro de inversión con sugus, aunque empece poniendo cifras a empresas y productos que ellos ya conocían; si invertías un euro en la ganadora te llevabas 30€, si lo ponías en la segunda se convertía en 20€, si era en la tercera 10€, y si invertías en la cuarta a quinta clasificada lo perdías. Esas eran las reglas y les presenté los cinco casos. E invirtieron sus tres euros aunque en un par de casos se guardaron un euro sin invertir. Me sorprendió la orientación social de sus razonamientos y su prudencia en muchos casos. Lo cierto es que la elección de en qué empresas poner su euro retrataba a cada chico mejor que una cámara. Una vez entendidos los resultados le dimos la vuelta a las inversiones para verlas desde una óptica social y todos nos sorprendimos. No sólo no se escandalizaron sino que algunos de ellos aún hoy me lo recuerdan agradecidos.

Abramos las mentes, empezando por las de los profesores.

Hackear la educación IV: contagiar la iniciativa

Imagina que entras por primera vez a un aula y te encuentras esto en la pizarra

Una pizarra cualquiera de un aula cualquiera

Mi respuesta es simple, cuando haya terminado de cambiar el mundo me habré muerto. Nuestra vida no tiene sentido sino es para cambiar el mundo e intentar hacer de él un lugar mejor. Pero hagamos el ejercicio con niños que, seguro dan una respuesta mejor. Si algún profe me lee y hace el experimento, por favor lo cuente aquí. En el momento que tenga la oportunidad yo lo haré y prometo contároslo.

Si has llegado a leer hasta aquí convendrás conmigo en que la iniciativa es valor fundamental de la educación para el siglo XXI. La iniciativa es la chispa de la que surge la inquietud constante por aprender cosas nuevas, es el catalizador de la transformación. Sólo hay un problema y es que no se aprende de ningún libro sino con el ejemplo, y para ello el maestro – a partir de aquí hablaré de maestros y no de profesores – ha de tener iniciativa.

La iniciativa no se crea ni se destruye. La iniciativa se contagia.

El otro ingrediente de la iniciativa además del contagio es la tolerancia. La tolerancia es el ambiente en el cual una vez inoculado el virus de la iniciativa, este crece y se sigue contagiando.

Busquemos preguntas en lugar de respuestas, busquemos escuchar en lugar de hablar, busquemos compartir en lugar de acaparar, seamos comprensivos con el error incluso cuando es reiterado, pensemos a largo plazo, estemos dispuestos a no ser comprendidos por los demás, y sobre todo no tomemos a los niños por tontos, son niños, no tontos.

Sistemas Emergentes IX: Honradez

Vienen tiempos difíciles para las personas con doble vida porque ahora se ve todo. Ser coherente es hoy mucho más difícil que hace solo unos pocos años porque hoy vivimos de cara a la galería, no actuamos sino que vivimos hacia los demás, es lifestreaming.

Kant no salió de su pueblo y fue muy coherente, nosotros tenemos cien veces más interacciones con los demás que Kant, de manera que tenemos cien veces más posibilidades de resultar incoherentes, y además que la incoherencia quede documentada.

Como es tan difícil ser coherente debemos al menos ser honestos; de la transparencia hablaré en el próximo y último capítulo de esta serie. Si eres honesto y humilde para reconocer tus errores no tendrás problemas para adaptarte al cambio; si no lo eres finge sin engañar.

Vivimos en un cambio visible a todos, la gente está desorientada pero tolera el fallo, entre otras cosas porque sino nos suicidaríamos todos. Somos hoy receptivos ante las novedades, estamos dispuestos a probarlas y a aceptar que no funcionan bien todavía. Estamos en una época de betas, de versiones lanzamiento.

Lo que no consentimos es la mentira, y la mentira es cada día más fácil de descubrir porque todo se sabe. Un mentiroso es un apestado hoy y no lo era hace bien poco. Somos mucho más tolerantes a ideas distintas de las nuestras. Un mundo global con muchas interacciones hace que viajemos mucho, que nos mezclemos y sorprendamos con los demás, pero sobre todo que aprendamos a entendernos unos a otros. Como decía Pío Baroja, el nacionalismo se cura viajando.

Un sistema emergente no lleva bien la mentira porque tiene capacidad para amplificarla y, si es amplificada conduce a un error colectivo. Del mismo modo que la mentira puede subir hacia arriba, una vez descubierta, puede volver hacia abajo porque en la Era del lifestreaming todo queda documentado, se depuran responsabilidades y aparecen los apestados.